jueves 27 de diciembre de 2007

Productos Sanos marabillas del mundo moderno


Yogures con fibra y sin materia grasa, refrescos sin azúcar, mantequilla baja en calorías, zanahorias biológicas, huevos probióticos, leche enriquecida con calcio. La lista de la compra cada vez se complica más. todos estos productos deven contar con un registros sanitario Ya no basta con mirar los precios y las marcas, desde hace un tiempo el mercado alimentario está ofreciendo una gama de productos cuya novedad está en los beneficios que aportan a nuestro cuerpo, bien por su modo de producción o porque en su elaboración se han añadido, eliminado o modificado alguno de los componentes naturales que contienen.
En el mercado actual podemos diferenciar dos grupos de productos: Los llamados ecológicos, orgánicos o biológicos, cuya característica es que han sido cultivados sin utilizar productos químicos (pesticidas y fertilizantes) y con abonos orgánicos. Y un segundo grupo de alimentos que ha sufrido alguna transformación en su proceso industrial que añade o elimina algún componente natural y que son conocidos como enriquecidos o funcionales. En este grupo hay tres tipos. Los alimentos a los cuales durante el proceso de elaboración se les ha añadido alguno de sus elementos naturales (vitaminas, minerales, aminoácidos). Hablamos de las bebidas energéticas, las leches con vitaminas y los yogures enriquecidos, entre otros productos. Un segundo tipo, los productos dietéticos o light (bajo en calorías, desnatados, semidesnatados, cero en grasas), que son los que han sufrido un proceso de reducción o eliminación de grasas o azúcares. Y una tercera gama, a los que se les ha añadido un componente adicional que favorecen o estimulan las defensas del organismo como pueden ser los yogures con bífidus.
para registros sanitarios

El reclamo de la salud

TRASGÉNICOS, ÚLTIMA GENERACIÓN

Los transgénicos son, por el momento, la última generación de productos alimentarios transformados. Los descubrimientos en genética han permitido poder manipular los genes característicos de una planta o de un organismo e insertarlos en otra variedad con el fin de obtener producciones más elevadas de cosecha, tolerables a ciertas plagas o reducir el grado de pesticidas. Se puede decir que son productos de laboratorio aunque se cultiven en la tierra porque no existen en la naturaleza sino que son creados por el hombre. Sus repercusiones sobre la salud humana y sobre la biodiversidad, todavía inciertas, son los principales elementos que juegan en su contra entre los consumidores, los grupos ecologistas y los expertos en biotecnología y medicina.
El maíz y la soja son dos de los productos que ya se cultivan sin restricción en algunos países de América mientras se experimenta con otras plantas e incluso animales. En Europa, su cultivo está todavía en una fase experimental y desde 1998 la UE tiene restringida su comercialización hasta estudios más completos. La normativa europea obliga a que en los productos que se utilicen ingredientes derivados de soja o maíz transgénicos lleven en la etiqueta la mención “fabricado a partir de soja o maíz modificado genéticamente” al igual que los aditivos y aromas elaborados con estos elementos.
Para Greenpeace, sin embargo, esta medida no es suficiente puesto que si el transgénico no es detectable en el producto final no debe de cumplirse este requisito. La organización ecologista afirma que más del 60 por ciento de los alimentos transformados desde el chocolate hasta las patatas fritas, la margarina y los platos preparados llevan soja o maíz transgénico o algún derivado. Y, además, está presente en la comida con la que se alimenta a los animales que posteriormente consumimos.

El reclamo de lo “saludable” que son para el organismo es uno de los elementos claves para entender la expansión de los productos ecológicos y enriquecidos.
Según fuentes del Ministerio de Agricultura, a fecha de 2000 hay en España 380.920 hectáreas registros sanitarios dedicadas al cultivo de productos ecológicos frente a las 269.465 que había en el año 1998. Aceite de oliva virgen, frutas, cereales, leguminosas y verduras son los productos más comunes bajo este etiquetado, pero también nos podemos encontrar con carnes, vinos, confituras, miel o bollería. Desde 1989, un consejo regulador certifica que los productos que se venden en el mercado bajo la etiqueta de “eco” o “bio” han cumplido con la normativa comunitaria de producción y elaboración ecológica.
A pesar del incremento de la producción agrícola de los últimos años, la demanda española de alimentos ecológicos sigue siendo todavía minoritaria entre los consumidores frente a la de otros países europeos. El precio, más caro, y la apariencia, menos “perfecta”, juegan todavía en su contra.
Pero en los estantes de los supermercados se van abriendo paso en los últimos años los productos enriquecidos o funcionales. Si bien todo comenzó con los alimentos bajos en calorías y en grasas, los productos light, el consumo de leches, yogures y bebidas con complementos vitamínicos añadidos está teniendo muy buena aceptación entre los consumidores. En la actualidad se comercializan unos 200 productos.
Para la empresa Alcampo, por ejemplo, la venta de este tipo de productos ha supuesto un incremento de un 8 por ciento en el último año. Según sus estadísticas, tanto los productos ecológicos como los enriquecidos o light tienen una clientela fija que, por supuesto, no es el gran público. En general suelen ser personas jóvenes, preparadas, concienciadas por mantener una buena salud y preocupadas por el medio ambiente, que “están formados e informados” de lo que compran. La demanda es mayor en las ciudades más abiertas a los cambios y con gran variedad cultural y, por supuesto, en las zonas turísticas con afluencia de turistas ingleses y alemanes.
El consumo de este tipo de productos tiene mucho que ver con el ritmo de vida que llevamos y con un acercamiento cada vez mayor a todo lo que se identifica con lo natural, con el medio ambiente. Buscamos alimentos sanos, que nos aporten todo lo necesario para el organismo.
Según una encuesta del Instituto Nacional de Consumo del año 2000 sobre las tendencias del consumidor en el siglo xxi, en los próximos años habrá un incremento de los productos dietéticos, enriquecidos y concentrados de nutrientes como complemento a nuestra dieta habitual aunque ello no significará que sustituyamos estos productos por otras comidas. La misma encuesta apunta que los consumidores del futuro son cada vez más conscientes de que los alimentos sanos son una fuente de energía.

Etiquetado
Mientras que los productos biológicos no ofrecen ninguna duda al consumidor, al tratarse de alimentos producidos bajo técnicas en las que no se utilizan pesticidas o abonos químicos, los alimentos enriquecidos, funcionales o light no las tienen todas consigo. La principal crítica que se hace sobre estos productos es que relacionan en exceso su consumo con un cuerpo sano y no dejan de ser en cierta medida productos de laboratorio al tenérsele que tratar algún componente natural. Si bien se ha comprobado que algunas de las peculiaridades de estos alimentos enriquecidos son beneficiosas para la salud, no existe, por el momento, una investigación rigurosa que nos garantice que la ingesta de alguno de estos productos prevenga de alguna enfermedad.
La legislación española es en este aspecto muy clara ya que está prohibido vender productos que hagan referencia a la prevención o curación de enfermedades porque entonces no hablaríamos de alimentos sino de medicinas. Pero como la publicidad a veces es subliminal, las organizaciones de consumidores aconsejan no dejarse llevar por los envoltorios o eslóganes que puedan hacer referencias sutiles a que comiendo tal o cual producto estaremos más sanos, no tendremos colesterol o nuestro corazón funcionará mejor. Según un estudio realizado por la Confederación de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios (CEACCU) las referencias en el envoltorio a lo sano del alimento con frases como “sin colorantes”, “bajo en materias grasas”, “con vitaminas” incitan a la compra del producto. Todo lo contrario si se nos ocurre leer los aditivos y conservantes que éstos, como todos los alimentos industriales, llevan. Leer con atención las etiquetas e informarse de qué aportes beneficiosos nos ofrecen estos productos y sus registros sanitarios son algunas de sus recomendaciones.
Pero mientras las investigaciones en alimentación y salud siguen avanzando, los expertos en nutrición indican que para llevar una dieta sana y equilibrada que facilite que nuestro organismo esté en buenas condiciones no hay nada mejor que llenar la cesta de la compra de alimentos variados, frescos y sanos. Y, como siempre, comer de todo y con moderación.

Lourdes S.Villacastín